El Atlético mereció ganar, sobre todo porque este Madrid de Mourinho no representa ninguna mejora al muy mal equipo que lleva dos temporadas sin ganar ningún título y, aunque gaste millones, no consigue que el equipo trascienda las jugadas individuales, muestre armonía en el funcionamiento o, al menos, tenga un vestuario en el que haya unidad y respeto entre los jugadores.