El fútbol no tocó tocó fondo cuando los jugadores del Madrid y del Benfica se insultaron, sino en las horas y en los días siguientes, cuando se perdió toda dimensión de lo que había ocurrido para darle una importancia que solo tuvo como efecto creer que esa farsa tan obvia en lo deportivo era una cuestión que debía discernirse en términos de derechos humanos